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Oración por las asambleas de la Institución Teresiana

orando

Caminamos con el Dios de la Vida.
Necesitamos y confiamos en la fuerza poderosa y gratuita de la oración, en palabras de Poveda, es “la única fuerza de que dispone la obra teresiana”.
En este tiempo hasta las Asambleas nos encontramos y nos vinculamos todos y todas en esta súplica que dirigimos al Dios de la Vida.

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Allí donde se ora

oracionLa oración es la única fuerza de que dispone la Obra teresiana …

Y más que nada os ruego que os ejercitéis en la oración, que hagáis de este ejercicio algo necesario para vuestra vida, que pongáis tal empeño en su práctica, que no exista motivo, argumento ni razón suficiente para dejar un solo día vuestra oración.

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Creí, por eso hablé

Creí; por esto hablé; mas yo he sido sumamente abatido. Sal 115, 1.

Campanario

Creer bien y enmudecer no es posible; lo dice el Real Profeta o sea el Espíritu Santo por boca de David. Creí, por esto hablé. Es decir, mi creencia, mi fe no es vacilante, es firme, inquebrantable, y por eso hablo. Los que pretenden armonizar el silencio reprobable con la fe sincera, pretenden un imposible. Los verdaderos creyentes hablan para confesar la verdad que profesan; cuando deben, como deben, ante quienes deben y para decir lo que deben (...).

Mas yo he sido sumamente abatido. Contrariedades, persecuciones, sufrimientos, martirio, todo ello, viene como consecuencia legítima. Así aconteció al Maestro, y “no ha de ser el discípulo más que su maestro, ni el siervo más que su Señor”.

San Pedro Poveda (1920), Publicado en Amigos fuertes de Dios, páginas 131-132

Puntos de luz

salyluz2Comunidades laicales

Se necesita ampliar en la Iglesia el espacio y la comprensión para la santidad laical. Los fieles laicos han de encontrar en las comunidades eclesiales los puntos de luz que les sirvan de referencia diaria para una lucha también diaria.
Hay urgencia de contribuir y fomentar estas asociaciones, que sostienen la espiritualidad de los laicos mediante comunidades donde se comparte la fe, se alienta el testimonio y se forjan respuestas cristianas a las provocaciones de la vida.
Las dimensiones de encarnación y de historicidad son el camino obligado por donde ha de pasar la santidad concreta del creyente laico.
“La Encarnación bien entendida… la santidad más verdadera”, como dijera Poveda.

Angeles Galino, Para que el mundo crea, 1988.

Vosotros sois la sal de la tierra

BicisVosotros sois la sal de la tierra. Mt 5, 13.

La sal sazona lo desabrido. Esta es misión del apóstol: sazonar lo desabrido allí a donde va, en el sitio en donde vive, a las gentes con quienes trata; hacer agradable la vida fervorosa, amable la virtud, alegre la penitencia, consolador el sufrimiento. Debe trabajar de tal manera, expresarse de tal modo, obrar siempre con tan buen espíritu, tratar al prójimo con tanto agrado, prodigarle tales consuelos, llevar a su ánimo una persuasión que sazone toda su vida.

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