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Carmen Azaústre, directora de la Revista Crítica, nos presenta en este artículo la nueva sección de la Revista, Artículos en el recuerdo, “que nos acercará la voz todavía latente en nuestra memoria” de las personas que han escrito en la revista “fallecidas en este periodo y continuaremos con otras voces significativas que dejaron su reflexión y huella en las páginas de esta centenaria revista”.

Sobre la gratitud

La Real Academia de la Lengua Española define la gratitud como el sentimiento que nos obliga a estimar el beneficio o favor que se nos ha hecho o ha querido hacer, y a corresponder a él de alguna manera.

Según la profesora Elosúa, la gratitud ha sido una variable olvidada en la investigación psicológica, aunque, desde hace miles de años, tanto en la filosofía como en las tradiciones espirituales, se ha considerado la gratitud como expresión de la virtud y componente esencial en el desarrollo humano y espiritual. En la revisión que hace a importantes trabajos teóricos y empíricos sobre la gratitud, la autora destaca cómo la gratitud, en tanto que es emoción moral, tendría tres funciones relevantes: “la de ser un barómetro moral, respuesta a la percepción de ser beneficiario de las acciones morales de otra persona; motivo moral, porque dirige  a la persona agradecida en una dirección personal y social y reforzador moral, porque cuando las personas expresan su gratitud en palabras o acciones, la gratitud funciona como un refuerzo social en un grupo, comunidad u organización”[1] (Elosúa, 2012).

Otros muchos estudios de la Psicología positiva han demostrado cómo el ejercicio de esta actitud reporta a quienes la practican beneficios que mejoran la salud física y mental. Y así lo hemos podido experimentar en estos meses de pandemia en los que el gesto común del aplauso a las ocho de la tarde nos hacía reconocer la entrega y generosidad de tantos profesionales que sin descanso intentaban frenar y curar la enfermedad generada por la COVID-19, desde múltiples ámbitos.

La gratitud ha sido un reconocimiento a estos actos de bondad, pero también medio de cohesión social, de reconocimiento de los que, a veces cercanos, ignorábamos. La gratitud ejercida en ese aplauso ha sido nuestro barómetro, motivo y reforzador moral.

Muchas han sido las vidas segadas por el virus en aislamiento y soledad y muchas las vidas entregadas en esta pandemia que nos une al resto del planeta. Son muchas también las rescatadas al furor del coronavirus. Pero en las pérdidas cercanas que nos afectan en este periodo, quiero destacar las de aquellas colaboradoras de nuestra revista Crítica que han fallecido en estos meses y eso nos ha llevado a crear una nueva sección en la revista, como agradecimiento a su colaboración, que llevará el título de Artículos en el recuerdo y que nos acercará la voz todavía latente en nuestra memoria de las personas que han escrito para este medio. Comenzaremos por las fallecidas en este periodo y continuaremos con otras voces significativas que dejaron su reflexión y huella en las páginas de esta centenaria revista: Rosalía Giménez, Carmen Mazarío, Ángeles López Mora, Mª Antonia Triano, Mª Paz Aspe, serán las primeras a las que seguirán otras voces significativas, como fue el caso de Juan Martín Velasco, que recordamos en el número de abril, porque, según Albert Schweitzer, “a veces nuestra propia luz se apaga y se reaviva con una chispa de otra persona. Cada uno de nosotros tiene motivos para pensar con profunda gratitud en aquellos que han encendido la llama dentro de nosotros”.

Es la gratitud la que nos impulsa, porque esta revista está enraizada en ella. Una virtud, la del agradecimiento, configuradora del hombre que la creó, el pedagogo y sacerdote español san Pedro Poveda Castroverde. Para él la gratitud era y debía de ser la nota distintiva de la asociación que creó, la Institución Teresiana, y por tanto la nota distintiva de las personas que colaboraban con él en sus obras y proyectos. Muy temprano, en 1916, en una carta dirigida a una de sus primeras colaboradoras, Magdalena Martín Ayuso, le agradece su colaboración: “…te portas muy bien con nuestro pobre Boletín…” y le pide más colaboraciones: “…Quizá sea mucho pedir, pero, si pudieras, debías de enviarme alguna cosa y así como yo tengo siempre articulillos míos en reserva, tenga escritos tuyos para los apurillos”. Siempre en él la gratitud y la llamada a la colaboración.

A lo largo de sus más de 100 años, la revista fue creada en 1913, este medio, dirigido por mujeres, ha intentado responder a las cuestiones de su presente y anticipar algunas del futuro en el diálogo de la ciencia con la fe, en cuestiones que han afectado a la mujer en estos 107 años de recorrido, a temas educativos, religiosos, políticos, sociológicos, solidarios, artísticos en sus diversas manifestaciones, pintura, escultura, arte, literatura, cine, etc., afirmando la centralidad de la persona humana y su dignidad trascendente.

“Queremos contribuir a impulsar un mundo de ciudadanos respetuosos de los derechos, conscientes de los propios deberes, responsables de los que padecen cualquier tipo de esclavitud y de marginalidad. Ciudadanos activos frente a toda forma de crueldad y ante estructuras que alimentan sistemas de injusticia, de violencia y desequilibrio internacional; comprometidos con el cuidado de la creación y del planeta”, decía el editorial que iniciaba su andadura digital en abril de 2015.

La reflexión y palabras de nuestras colaboradoras y colaboradores hacen posible a lo largo de cada número el cumplimiento de estas finalidades. Es deber de gratitud que su palabra siga viviendo en esa memoria del corazón.

Por Carmen Azaústre

Crítica, nº 1056, julio-agosto 2020

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[1] Elosúa de Juan, Rosa. “Gratitud, espiritualidad y sus beneficios para la salud: Algunas aportaciones de la Psicología de la gratitud” en Estévez, Elisa (Coord.) Hombres y mujeres de espíritu en el siglo XXI. Salamanca: 2012.

 

 

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